La divulgación científica es una de las tareas de investigación que más admiro y más complejas me resultan. A través de ella, el investigador se posiciona en la sociedad. En otras palabras, podemos transmitir al resto de personas de qué trata nuestro trabajo y, en muchas ocasiones, cómo sus impuestos contribuyen al avance del conocimiento en nuestra disciplina.
El pasado mes de diciembre tuve la suerte de poder acudir a un curso sobre divulgación científica impartido por Óscar Huertas, investigador en el área de Bioquímica en la Universidad de Granada y con amplia experiencia en el ámbito de la divulgación. A pesar de que el objetivo de la divulgación sea hacer accesible la ciencia mediante diferentes medios (por ejemplo, exposiciones, charlas, vídeos e incluso vídeos de TikTok o cómics), la divulgación es una labor más compleja de lo que parece desde el lado del consumidor. Además, nos ayuda a romper con la imagen estereotípica del investigador: hombre de mediana edad con bata blanca.
Debido al gran número de usuarios en redes sociales, creo que la divulgación en plataformas como TikTok o Instagram puede llegar a un público mayor. Además, el formato de vídeo corto nos obliga a ir al grano mientras que el receptor es capaz de mantener la atención durante ese minuto o minuto y medio. Como usuaria de divulgación, nunca me pierdo los reels de Instagram de María González Duran (@mariaspeaksenglish) que tratan mayormente sobre el uso real del inglés en productos culturales como películas o canciones, e incluso da breves explicaciones gramaticales y consejos sobre cómo dirigirse a los hablantes nativos. Aunque el contenido de María no sea estrictamente divulgación científica, creo que puede ser un muy buen ejemplo para investigadoras del ámbito de la Lingüística inglesa a la hora de hacer divulgación científica sobre todo por enlazar el contenido con temas de interés general o de actualidad.
En un futuro próximo, me visualizo realizando tareas de divulgación científica. Sin embargo, es una labor muy sacrificada que requiere un gran esfuerzo y trabajo en equipo. Respecto al formato blog, pienso que los tiempos han cambiado y, con ello, la plataforma online en la que hacer divulgación. Por lo tanto, un buen primer paso podría ser la creación de un espacio en Instagram o Twitter donde los miembros de un grupo de investigación podrían realizar vídeos cortos explicando el día a día del investigador, un paper que se ha publicado recientemente e incluso la experiencia en un congreso científico. Esta cuenta de Instagram podría ser de utilidad para estudiantes que se estén planteando iniciar la carrera científica y para acercar nuestro trabajo a cualquier persona que manifieste interés en él.